PINTORES, UNA HERRAMIENTA PARA GESTIONAR RIESGOS. 

En un proyecto de protección anticorrosiva existen muchas variables que pueden afectar el resultado final: la preparación de superficie, las condiciones ambientales, los materiales, los equipos y, por supuesto, la forma en que se ejecuta el trabajo.

En este contexto, el aplicador ocupa una posición especial. En muchos trabajos es una de las personas que recorre de manera continua prácticamente toda la superficie de la estructura, trabajando directamente sobre ella. Su experiencia y criterio pueden permitirle reconocer condiciones o desviaciones durante la ejecución y actuar antes de que se conviertan en un problema. Por eso, la competencia del pintor también constituye una herramienta de prevención.

Una desviación durante la aplicación puede parecer pequeña en el momento de ejecutarse, pero sus consecuencias pueden ser significativas: reprocesos, mayor consumo de pintura, demoras, reparaciones, reclamos o incluso fallas prematuras una vez que la estructura entra en servicio. Por eso, la competencia del personal no debería considerarse únicamente una cuestión de recursos humanos, sino también una variable dentro de la gestión de riesgos técnicos y económicos del proyecto.

La certificación de oficios permite transformar una competencia en una capacidad que puede ser evaluada y reconocida mediante criterios objetivos. La capacitación permite desarrollar estas competencias, mientras que la certificación aporta una manera objetiva de evaluarlas y reconocerlas.

En Argentina, el proceso de certificación de Pintores Industriales impulsado por el INTI contempla una evaluación teórica y otra práctica. Esta última permite verificar, entre otros aspectos, el manejo de equipos y técnicas de aplicación. El esquema se desarrolla bajo los lineamientos de la IRAM ISO/IEC 17024 y toma como referencia la probeta de evaluación ASTM D4228.


Certificar aplicadores no garantiza por sí solo que una obra esté correctamente ejecutada. Pero sí incorpora una herramienta concreta para disminuir la variabilidad del proceso, homogeneizar criterios y reducir la incertidumbre asociada a una de las etapas más sensibles de la protección anticorrosiva.

Desde esta perspectiva, capacitar y certificar pintores no debería verse simplemente como un costo adicional. Es una inversión orientada a la confiabilidad, la previsibilidad y la reducción del riesgo. En proyectos donde el costo de una falla puede superar ampliamente el costo de prevenirla, contar con mano de obra calificada también forma parte de una buena estrategia de gestión.